La edad

Recorrimos la distancia en poco tiempo,
años de inocencia que encontraron pronto la primavera.

El viento vestía un terciopelo distinto,
no crujía entre los árboles,
no apagaba llamas.

Acariciaba nuestras caderas;
jugueteaba con el pasto, tu cabello, el mío.

Un instante era todo:
la jacaranda te pintaba
el lápiz te escribía
las voces te cantaban.

Éramos nuestra bebida predilecta,
el festín alojado en tu sonrisa.

Éramos cabalgantes de la libertad,
alimentados por dosis de irresponsable tranquilidad.

Crecimos entre las ramas,
salvajes, hoscos, torpes.

Pero la polilla camina en la rama,
el viento despoja a la jacaranda,
la primavera acaba.

Acaba como principia,
con murmullos impacientes
e inesperadas mutaciones.

Una primavera que no regresa,
porque todas las estaciones viven juntas
como un tornado que arrasa,
como la intranquilidad de un globo que reventará.

Es el caos,
no mío y no tuyo, no fuera de este mundo.
Es nuestro,
en la sequedad de una garganta obscena.

Todo y nada,
la brisa y el calor intenso,
el llanto y una risa estrepitosa,
es pasión, amor y no intentos.

Así te quiero,
con todo en contra y nada a favor.

Él es viento

Él crecía como el viento, libre.

Como un delicado soplo que desde los huesos hasta el corazón,

alborota las jardineras del caos.

Temible corriente que te cobija la piel.

Él veía a través de los líquidos.

Desde un ángulo distinto en el que sorbiendo un trago, o dos,

puedes mirar dentro del alma de cualquiera.

Y su máscara cruzaba el humo,

deslizándose suavemente como lirio sobre agua.

Cristalino corazón que vestía de verde,

un duende devoto al alcohol y a las bellezas sin sombra.

Él era una vena que protegía sus secretos incendiándose.

Naciendo una y otra vez: polvo que volverá a palpitar y será feliz.

Polvo que vuela en libertad, porque él es viento y ahora quizás, hasta es mar.

Conversaciones

Sniker Pimps. ¿Elliott Smith? Sí, aunque me gusta música más tipo Hooverphonic. El oscuro y seductor Leonard Cohen. Prefiero la suave voz de Loise Rhodes de Lamb. Astor Piazzola. Aunque me vuelve loca Natural Born Killers, es cierto que todos somos un poco asesinos. The Driver. Candy. Deberías ver el capítulo White christmas de Black Mirror. Los mandarines de Simone de Beavoir. Kafka.

Ella: la chica con ensoñaciones diurnas, que nunca se fija en su alrededor por seguir la fantasía.

Él: el hombre cuyos guiones jamás alcanzarían para definir lo que es: filosofía-letras-él.

Juntos: conversaciones que siempre se vuelven sublimes bailes, en los que su voz encabeza la melodía. Carcajadas. Descubrirse bajo la luz caleidoscópica de una persiana. Noches azules con un sonido que se escurre por sus cuellos. Explosión de cristales dentro de sus pupilas. Labios húmedos que se ruborizan. Una mirada fija. Todo.

Tiempo: atemporal.

Espacio: sin gravedad.

Sentimiento: un pinchazo en el corazón que baja lentamente desde el pecho hasta su estómago y regresa hasta su cabeza para definir cien veces su nombre. La danza con el universo. Es amor, la fe puesta en ello para encontrar la felicidad. Esa oportunidad que les ha regalado el azar y que dejaron pasar.

El día que te compré una flor

Siempre me habían parecido indiferentes los 14 de febrero, pero ese domingo el viento matutino se tornó más frío y el sol dejó de calentar. En un instante, a las 10:00 am., el tiempo se detuvo. Mi vista nublada ya no veía más allá del elevador. Mis oídos tapados sólo escucharon un último pitido del aparato que hacía latir su corazón y que en cada “bum” le alzaba el torso.

“Despídase, señorita, que aún tiene tiempo” fueron las palabras que, seguidas del “está muriendo”, congelaron mi alma. Un sorbo de saliva para mi garganta seca y comencé sin saber qué decir: …“siempre tomaré tu mano”. Y aunque quisiera recordar haberle dicho lo mucho que lo amaba y cuánto me haría falta, en mi mente sólo descansa con tristeza el último beso que le di a su frente raspada mientras me aferraba a acariciar su mano fría.

Morado, mi color favorito y el que más relaciono con el amor y la dulzura, teñía su piel reseca, como si su cuerpo mismo me estuviese implorando tiritando por un abrazo o por una cobija que le calentase hasta el alma y le regresara la vida.

Eso, la vida, que casi casi me desaparece cuando a él lo abandonó, es aquello que sigo buscando dentro de mí y que aparece como resplandor cada que vez que escribo y lo recuerdo.

Porque en mi mente habita como el guerrero que siempre defendió a la pequeña y frágil Gaby. Fuente de inspiración. Mi mano derecha. Uno de los hombres más importantes de mi vida, a quien por desgracia tuve que despedir con la única muestra tangible de mi amor: una gerbera blanca que le coloqué en la mano izquierda para que nunca me olvidase a donde quiera que fuese.

Una flor que conseguí fácilmente ese domingo de hace un año ya, el único 14 de febrero que me hizo comprar una flor y que en efecto sería destinada para el amor.