La edad

Recorrimos la distancia en poco tiempo,
años de inocencia que encontraron pronto la primavera.

El viento vestía un terciopelo distinto,
no crujía entre los árboles,
no apagaba llamas.

Acariciaba nuestras caderas;
jugueteaba con el pasto, tu cabello, el mío.

Un instante era todo:
la jacaranda te pintaba
el lápiz te escribía
las voces te cantaban.

Éramos nuestra bebida predilecta,
el festín alojado en tu sonrisa.

Éramos cabalgantes de la libertad,
alimentados por dosis de irresponsable tranquilidad.

Crecimos entre las ramas,
salvajes, hoscos, torpes.

Pero la polilla camina en la rama,
el viento despoja a la jacaranda,
la primavera acaba.

Acaba como principia,
con murmullos impacientes
e inesperadas mutaciones.

Una primavera que no regresa,
porque todas las estaciones viven juntas
como un tornado que arrasa,
como la intranquilidad de un globo que reventará.

Es el caos,
no mío y no tuyo, no fuera de este mundo.
Es nuestro,
en la sequedad de una garganta obscena.

Todo y nada,
la brisa y el calor intenso,
el llanto y una risa estrepitosa,
es pasión, amor y no intentos.

Así te quiero,
con todo en contra y nada a favor.

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